Beato Manuel Aranda

Manuel, Testigo y Siervo de Dios

¿Quién es Manuel?


¿Quién es Manuel Aranda?

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Ofrecemos el modelo de un joven seminarista en proceso de beatificación, Manuel Aranda, que murió mártir a los 20 años, durante la guerra civil, por no ofender a Dios, por no renunciar a su fe.

¿Pero quién es Manuel Aranda? Un seminarista ejemplar, que dio su vida por el Señor Jesús el 8 de Agosto de 1936 en Monte Lópe Alvarez, Diócesis de Jaén, en donde había nacido el 22 de Marzo de 1916. Su vida de seminarista, solo 5 años, fue una entrega total a Dios, a su formación y al ideal de ser un santo sacerdote.

Entonces, ¿tenía sólo 20 años? Efectivamente. Fue un joven seminarista, que entro en el Seminario de Baeza en septiembre de 1931, donde hizo dos años de humanidades, con lo que se consideró maduro para iniciar la preparación en Filosofía en el Seminario de Jaén y en el curso 1933 – 1934. En el verano preparó y superó los exámenes de los otros dos cursos de latín.

¿Cómo surgió su vocación? Monte Lópe Alvarez, es un anejo de Martos, entonces con no más de 400 habitantes, que sumados a los de otras cortijadas cercanas podían formar una comunidad de unos 1000 habitantes. No había sacerdote encargado de estos fieles, distantes 14 Km. de Martos. Manuel alternaba el trabajo del campo con la enseñanza que recibía de un maestro idóneo. Era alegre, inteligente, fuerte… un muchacho normal en su ambiente. La práctica religiosa en el lugar era mínima; su familia, creyente, respetuosa con Dios… no se salía del común, aunque aspiraba a algo más. Un sacerdote, de muy tarde en tarde, visitaba la aldea.

¿Cómo pudo surgir aquella vocación? Sí, pero en un ambiente poco religioso, y ya en 1931, con el anticlericalismo… ¿cómo pudo surgir aquella vocación? Dios miró a sus ojos, como hoy sigue mirando a muchos jóvenes, pronunció su nombre y él le escuchó. Dicen que el sacerdote que venía de Martos, que los Sres. Carrasco, que influyó un hermano suyo, estudiante en San Agustín de Jaén… todo colabora con la llamada de Dios. Le encargaron diera catequesis a los niños, sintió la necesidad de saber, entró en contacto con Dios. Una llamada y una respuesta: un desafío y un riesgo. Manuel decidió entrar en el Seminario… y empezaron las dificultades.

Y, ¿qué dificultades pudo tener? Dicho brevemente, lo económico y el ambiente poco propicio a lo religioso. Ni los tiempos, ni las bolsillos estaban sobrados, Manuel era una fuente de ingresos para la casa… la agresividad hacia lo religioso era patente. La decisión de ser cura era, cuando menos inoportuna. Su preparación para entrar en el Seminario no era, tampoco la mejor. En principio, su padre se oponía.

Y, ¿cómo las superó? Tesón, fuerza de voluntad, alegría interior, confianza en Dios, fidelidad plena a una vocación inicial… en la que fue tan de prisa que solo en cinco años maduró, no ya para la ordenación, sino para la consumación perfecta de su vocación.

¿Se sabe sobre su vida en el seminario de Baeza? El primer año debió ser duro para él: tenía 15 años, sus compañeros eran niños, venía de un ambiente rural y poca preparación… pero todo lo superó airosamente: estudios, formas externas, cultura, disciplina, vida de internado. Una especie de noviciado, para una profesión definitiva.

Y, ¿en Jaén? El paso a Jaén, para estudiar Filosofía, debió de ser importantísimo para él. Veía orientada su vida hacia su vocación: oración intensa, estudios profundos, ambiente sacerdotal, todo ello ambientado por los Sacerdote Operarios Diocesanos.

¿Qué opinaron sus compañeros? Aquellos con los que hemos podido constatar, lo consideraron un santo seminarista por su vida y un heroico mártir por su muerte. Esta fue como el lógico desenlace de aquella. Así Don Germán Mártil, Rector que fue en el Seminario de Jaén y después en el Colegio Español de Roma; Don Guillermo Álamo, Don Lorenzo Estero, Don José Rodríguez Yerla y Don José Sola y Don Eduardo Montilla que eran compañeros de cursos superiores, pero le conocieron y algunos tuvieron gran amistad con él; Don Jerónimo Bernabeu, Don Diego García Hidalgo, Don Guillermo Molina, Don José Latorre, y Don Manuel Parra compañeros de curso y otros más han dado testimonio de palabra y por escrito de las grandes virtudes que adornaron a Manuel.

“Seminarista modelo: muy serio, muy estudioso, muy piadoso y muy observante, muy preocupado por las almas y por los problemas que entonces se agitaban en España”.

“Resaltaba por su ejemplar conducta y piedad, su amor al estudio y su formalidad.”

 “Excelente, cumplidor, santo”.

“Tenía un espíritu grande”. 

“Resaltaba sobre el común de sus compañeros, seminarista afable, que atraía por su gran bondad y sencillez. En él no había engaño. Siempre estaba alegre.”

 “Resalto tres constantes: su fuerza de voluntad, su valentía y sobre todo su gran confianza en Dios”.

Tenemos otros muchos testimonios, que ya se han expresado en otros lugares: son los de sus propios hermanos, vecinos y amigos del pueblo, un escrito de Don Juan Montijano, que tomó “las primeras declaraciones” en aquellos primeros años del 40, cuando dando misiones en el Monte y huésped en casa de Manuel, pudo escucha de viva voz la historia, de parte de padres, hermanos y conocidos.

¿Hay algo escrito sobre él?

– Un artículo en la Revista Sígueme. Julio – Agosto 1940.

 – Una breve reseña en la Revista Mi Seminario. 1948. nº 10

– El manuscrito de Don Juan Montijano, al que hacemos referencia.

 – Nota en el Libro “Historia de la persecución religiosa en España. 1936 – 1939”. BAC. Madrid 1961. pág. 609.

 – “Manuel Aranda Espejo. Testigo de Dios”. Breve estudio biográfico escrito por Antonio Aranda Calvo, sacerdote y sobrino de Manuel.

 – En Iglesia en Jaén: “Manuel Aranda. Seminarista de la Iglesia de Jaén”. 21 de Julio de 1991.

 – Diversas informaciones y escritos en el Diario JAEN: noticias relacionadas con Manuel, artículos y referencias sobre él. Debemos destacar: “Un caballero de la fe” de Benito Rus. 12 – III – 93; “Un seminarista de Jaén” de Ramón Romera Vera. 10 – III – 93; “Un centro vocacional” de Antonio Aranda Calvo. 17 – III – 93; “Breve glosa de un hombre que murió por Cristo” de Miguel Calvo Morillo. 8 – XII – 93; “Vecinos de Monte Lópe Alvarez restauran la estatua destruida de Manuel Aranda” de José Bueno. 7 – IX – 94.

 – En la Revista “Amar de Colores” (Abril 93, nº 164) por Carlos Peris Martos “Sangre Joven y Mártir”. “Recomendamos la lectura de …” por Salvador.

 – Revista “Mi Seminario” en Marzo del 93 nº 4: “Glorias del Seminario. Manuel Aranda. Mártir.”

 – Aparecido próximamente: “El desafío de una llamada y el riesgo de una respuesta” de Antonio Aranda Calvo. Escrito sobre Manuel Aranda. Seminarista de Jaén. Testigo y siervo de Dios.

¿Se conserva algún escrito del mismo Manuel? En tal caso ¿qué se trasluce en ellos?
* Un gran amor a Jesús, en la devoción al Sagrado Corazón; y a la Virgen María, en el rezo del Santo Rosario.

 * Especial valoración de la Santa Misa y de la presencia de Jesús en el Sagrario. Asiste a los pueblos vecinos y se queda en Martos para la Adoración Nocturna.

 * Preocupación por los problemas sociales y por la doctrina social de la Iglesia, en la aplicación concreta a la situación que atravesaba España.

 * Preocupación por los niños, empeño por la catequesis, preparación al Bautismo y al Matrimonio.

 * Veía en los pobres a Cristo, les ayudaba, los prefería, compartía con ellos sus alimentos.

 * Fidelidad a su vocación. Fomento de las vocaciones sacerdotales. Ya había conseguido que uno entrara en el Seminario, y se preparaban otros.

 * Trabajó con jóvenes, a los que atendía con predilección.

 * Trabajador incansable, fino observador, capaz de interpretar los hechos, desde la historia y a la luz de la fe.

 * Conocía la gravedad del momento y era consciente de que un día se le pudiera exigir su vida como testimonio de fe… y desde luego estaba dispuesto a ello.

 * Valiente para defender sus ideas y a la vez humilde y condescendiente si se trataba del bien de otros.

 * Nunca apareció mezclado en las corrientes o grupos ideológicos o políticos. Su gran interés y preocupación era poder seguir su vocación cristiana y sacerdotal.

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